Nuestra peculiar relación con el “666”, un antiguo mal en el mundo moderno

En la icónica película de terror de 1976 La Profecía (The Omen), un embajador estadounidense y su esposa adoptan sin saberlo al bebé Anticristo tras la muerte de su hijo recién nacido. A medida que avanza la historia, los padres de Damien se dan cuenta de que algo anda terriblemente mal con su pequeño, quien hace un berrinche furioso frente a una catedral, provoca el frenesí de los monos en el zoológico, presencia cómo su niñera se ahorca alegremente en su fiesta de cumpleaños (aunque no por su culpa directa) e intenta asesinar pasivamente a su madre. El padre confirma sus sospechas de que Damien es el Anticristo al descubrir la prueba más condenatoria de una asociación demoníaca: una marca de nacimiento en la cabeza de su hijo con el número “666”.
El 666 se asocia con la raíz de todo mal y, para muchos, este mal se vincula con la figura cristiana del Diablo. El 666 significa tormento, condenación y, al igual que el también “número de la mala suerte” 13, trae infortunio. Ha sido adoptado por músicos de heavy metal y adolescentes rebeldes, incorporado a películas y novelas, y se ha vuelto tan parte de nuestra cultura popular que incluso quienes no tienen una crianza cristiana miran con recelo este número cuando aparece. Algunas personas le temen tanto que existe una fobia oficial llamada hexakosioihexekontahexafobia. Y aunque el origen de su significado proviene de tiempos bíblicos, su influencia sigue vigente en la vida de personas de todo el mundo.



