La ciudad que borró un terremoto
Lo que encontraron bajo las calles de Riobamba
El 4 de febrero de 1797, a las once y media de la mañana, la tierra tembló en el centro de lo que hoy es Ecuador con una violencia que los registros de la época describen como apocalíptica. El terremoto de Riobamba (estimado en magnitud 8.3 por los sismólogos modernos) destruyó la ciudad colonial que llevaba ese nombre desde el siglo XVI, mató entre 12,000 y 40,000 personas según las fuentes, e hizo que el suelo mismo se moviera de lugar: algunos cerros se desplazaron kilómetros enteros.
La ciudad que existió antes de ese sismo no es la ciudad que existe hoy. La Riobamba colonial fue abandonada después del terremoto, y la nueva ciudad fue construida unos veinte kilómetros al norte, en un terreno considerado más seguro. Lo que quedó en el sitio original fue el silencio, el polvo y, enterrado bajo metros de escombros, todo lo que no se pudo llevar.
Durante dos siglos, esa ciudad muerta esperó.
Lo que encuentran cuando excavan
En los últimos años, excavaciones arqueológicas en el sitio de la antigua Riobamba (hoy la ciudad de Cajabamba, en la provincia de Chimborazo) han comenzado a sacar a la superficie fragmentos de ese mundo colonial enterrado. Cerámica española del siglo XVIII. Herramientas de trabajo. Estructuras de muros que todavía conservan la disposición de las habitaciones. Objetos cotidianos: vasijas, clavos, fragmentos de vidrio soplado que llegó desde Europa por las rutas del comercio colonial.
No es espectacular en el sentido de que no hay oro ni máscaras ni sarcófagos. Pero es algo quizás más valioso para la historia: es la evidencia material de cómo vivía la gente ordinaria en una ciudad andina colonial del siglo XVIII, la semana antes de que todo desapareciera.
La arqueología colonial en América Latina es uno de los campos menos desarrollados de la disciplina en la región. Las épocas prehispánicas reciben más atención, más financiación y más interés público. El período entre 1500 y 1800 los siglos de la colonia española, que moldearon de maneras profundas y duraderas la sociedad, la economía y la cultura de América Latina está relativamente poco excavado y poco estudiado desde una perspectiva arqueológica.
Riobamba ofrece algo excepcional: una ciudad colonial sellada por un desastre natural en un momento preciso, como si alguien hubiera cerrado un libro en una página específica.
El terremoto y lo que reveló
Los testimonios de sobrevivientes del terremoto de 1797 describen fenómenos que los geólogos modernos han podido verificar y explicar: licuefacción del suelo, deslizamientos masivos, el desplazamiento de masas de tierra que los testigos vivieron como si las montañas caminaran. El volcán Tungurahua, visible desde Riobamba, reaccionó con mayor actividad. El río Chambo fue temporalmente bloqueado por un derrumbe.
El científico y explorador Alexander von Humboldt pasó por la zona en 1802, cinco años después del sismo. Documentó con detalle la destrucción todavía visible, los campos todavía sin recuperar, los monumentos naturales modificados por el evento. Sus notas son una de las mejores fuentes sobre el estado del terreno en los años posteriores al terremoto.
Lo que Humboldt no podía saber, y lo que los arqueólogos contemporáneos están empezando a revelar, es lo que quedó intacto bajo los escombros. El terremoto destruyó, pero también preservó: selló la estratigrafía colonial en una cápsula de tiempo que el paso de los siglos no perturbó porque nadie construyó encima.
Por qué importa el período que nadie estudia
La historia de América Latina que se enseña en los colegios tiene dos grandes actos: la época precolombina y la independencia. Entre los dos hay 300 años de colonia que a menudo se presentan como un paréntesis, un período de dominación externa que se interpone entre el mundo indígena y el mundo independiente.
Esa presentación es una distorsión. La colonia no fue solo dominación. Fue también el período en que se formaron las ciudades, las lenguas, las mezclas culturales, los sistemas de producción y las jerarquías sociales que todavía estructuran la vida en la región. Entender quiénes somos hoy requiere entender qué pasó en esos tres siglos, y eso requiere evidencia material que la arqueología puede proporcionar cuando se decide invertir en ella.
La ciudad enterrada bajo Cajabamba no es solo la memoria de un desastre. Es el archivo cotidiano de una sociedad que construyó lo que todavía habitamos, mezclada de maneras que todavía no comprendemos del todo, enterrada por un evento que nadie eligió y que selló esa historia mejor que cualquier archivero.

¿Qué más hay allí abajo? ¿Qué objetos, qué estructuras, qué vidas ordinarias están esperando ser encontradas en los metros de sedimento que el terremoto del 4 de febrero de 1797 depositó sobre la Riobamba colonial? Y si los encontramos, ¿qué nos van a decir sobre quiénes éramos antes de convertirnos en lo que somos?
Referencias
Egred, José. El terremoto de Riobamba de 1797. Corporación Editora Nacional, Quito, 2000.
Humboldt, Alexander von. Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente. Caracas, 1826. (Libro IV)
Instituto Nacional de Patrimonio Cultural del Ecuador. Informes de excavación del sitio Cajabamba-Riobamba, 2019–2024.
Moreno, Segundo Luis. Historia del Ecuador: La Colonia. Quito, 2003.
Smithsonian Institution, Global Volcanism Program. “Tungurahua Volcano.” (Base de datos en línea).





Una cápsula del tiempo no planificada. En verdad poco se enseña en las clases de historia sobre ese espacio de tiempo antes de las luchas independentistas, ni hablar de descubrimientos como este. Esperemos que esto despierte el interés en investigar y divulgar la historia menos conocida de Latinoamérica.